Pues ya tuvimos
nuestro acto de presentación, el pasado lunes 20 de abril de 2026, del
libro Relatazos en el camarote, disponible en sus librerías de
confianza. Ya está en redes sociales el reportaje fotográfico, así que esto
funcionará a guisa de pequeña "crónica".
Primero
intervino Dani, responsable de la Biblioteca "Alonso de Covarrubias",
con unas pinceladas biográficas. Se debe reconocer que hace una inmensa y
valiosa labor, no solo por custodiar y prestar libros, sino de difusión de la
literatura, con múltiples actos (apoyado por la Concejalía de Cultura). El
sitio, desde luego, se presta. Ideal para presentaciones, y con una ubicación
inmejorable, con la Plaza Mayor y la Colegiata de San Benito Abad al lado.
| Aquí un viejo conocido (bueno, conocido no sé, pero viejo... ) |
Después le tocó
el turno a José Antonio Rodríguez-Tembleco Gálvez, gran amigo desde la tierna
infancia (como se verá en sus palabras). Escritor también, con (hasta el
momento) dos obras publicadas: Relatos de lo humano y sobrehumano, Editorial Popular, 2023, y la
novela Brumas sobre Blackhorne, publicado en la misma editorial hace muy
poquito, en noviembre de 2025. ¡A qué esperan para leerlos!
| Todos sabemos lo que es una morsa: es caza mayor. |
Estas fueron sus palabras:
«Hola a todos. Para mi es un placer estar aquí con
vosotros, y en especial acompañando a Sergio. Me enorgullece enormemente poder
hablar en su presentación, y que haya contado conmigo para hacerlo.
Aún recuerdo cuando éramos unos críos, y nos reuníamos en
su casa para escribir en su viejo Amstrad 286. Por aquel entonces ambos ya
teníamos claro que la literatura sería parte de nuestra vida. Recuerdo lo
impresionante que era entrar en su cuarto y ver aquella estantería de pared
llena hasta arriba de libros, de los que se sentía profundamente orgulloso. No
era para menos, ya que en todas esas páginas se gestaron el gran escritor que
tenemos hoy aquí presentado su obra.
Su libro Relatazos
en el camarote es la culminación de muchos años de trabajo, de escribir y
reescribir, de honrar de una manera más que decente a nuestros grandes
referentes literarios. Tuve la suerte de poder leer esos relatos a lo largo de
estos años, y también he tenido la inmensa fortuna de poder leerlos ahora,
viendo la calidad y madurez que ha puesto en cada una de esas líneas de los
catorce relatos que forman esta magnífica obra.
Los cuentos rezuman un estilo precioso, cuidado, sin dejar
lugar a nada que no esté ahí porque él quiere que así sea. Su riqueza léxica y
sus construcciones transmiten no sólo una calidad envidiable para cualquiera de
los que nos dedicamos a escribir, sino que se ven un amor por cada palabra,
cada diálogo y cada párrafo que convierten esta obra en un torrente de calidad
literaria, con un estilo pulido y con una tremenda clase.
No entraré en que contiene cada relato, porque eso es algo
que os recomiendo encarecidamente que hagáis vosotros adentrándoos entre las
páginas de su libro, pero puedo aseguraros que no os dejarán indiferentes. Os
transmitirán una cascada de emociones que os dejarán con ganas de leer mucho
más de su autor, y espero y deseo que este sea sólo el primer peldaño de una
obra extensa y valorado como se merece.
Para terminar, darle la enhorabuena por haber culminado hoy aquí el trabajo de años. Como amigo mío, siempre presente, incansable e incondicionalmente, me alegro de corazón que una parte de él ya siempre vaya a estar a disposición de todos nosotros. Y creerme, si os gusta leer, deberíais hacerlo, sin duda alguna. ¡Enhorabuena, compañero, más que eso, un hermano, que sea el primer éxito de muchos!»
| Según Von Sternberg, el eminente fisiólogo, siempre hay un grupo de fagocitos blancos... |
Ahora venía el plato, se suponía, fuerte. Esto es, yo. No tenía intención de dar mucho la brasa, aunque mi sobrino me dijo luego: «jorobar, habéis hablado mucho». En fin, no todos los chistes van a ser buenos. Os arrojo mi discurso. Y allá van, señores:
«Buenas tardes queridas amigas, queridos
amigos (aunque en la entrada he visto a uno con un ladrillo), familia y demás
personas y animales de compañía (creo que no me dejo a nadie). Muchas gracias
por venir. Aprovecho este inicio para dar las gracias a Dani, responsable de la
biblioteca, por organizar este acto, a la concejalía de Cultura del
Ayuntamiento, con María, y al Alcalde, Tomás, por permitirme el uso de esta
sala y de esta Biblioteca. Y, muy especialmente, a José Antonio, escritor y
gran amigo desde hace tiempo, un hermano para mí (nuestros bisabuelos ya se
trataban como hermanos), por su generosidad y disponibilidad, y sus emotivas
palabras.
Hoy es la presentación en sociedad de mi
libro RELATAZOS EN EL CAMAROTE (al igual que tantos otros, he venido a hablar
de mi libro). Un libro de relatos cortos que tuvo su inicio hace casi treinta
años, cuando era un estudiante de carrera. Como ya han dicho quienes me han
precedido en la palabra, fui aficionado a la lectura desde pequeño. Aunque no
fui precoz ni me metí en temas sesudos cual niño prodigio. Tomo las palabras de
mi compañero juntero y escritor, Carlos Rodrigo, “leí antes a Tintín, a Mortadelo y a Zipi y Zape, que a Homero,
Stevenson o Cervantes”. A mí me gustaban las historietas cortas, con
dibujos y mucha acción, y con humor; cuando venía a esta biblioteca,
supuestamente a estudiar o a hacer trabajos del colegio, leía comics de Tintín
y Asterix y Obelix. Que se lo digan a Paula, lo que nos tenía que aguantar la
pobre…
También fui un niño al que le gustaba mucho
la televisión. No me perdía nunca Barrio
Sésamo (venía corriendo del colegio todas las tardes para verlo), con
Espinete, Don Pimpón, Chema el panadero y Julián el quiosquero, y La Bola
de Cristal, con la bruja Avería (y su «¡viva el mal, viva el capital![1]»),
los electroduendes, y series como la familia Munster, La Pandilla
o Maika, la niña del espacio. Y no digamos las series de dibujos: Dragones y Mazmorras, La vuelta al mundo de Willy Fogg, Érase una vez… el hombre, Ulises 31, David el Gnomo (muy difícil ver ese último capítulo ¡SLITZWEITZ!). El
cine tampoco podía faltar; me vi mucho cine clásico: las películas de los
Hermanos Marx, Chaplin, Buster Keaton, Laurel y Hardy; Hitchcock, pelis del
oeste (Ford, Leone), del espacio, de aventuras. Sin dejar de lado que todos los
domingos iba al cine de los Bernardos, a ver películas de acción, terror y
comedias. Y sin olvidar, además, mi primer ordenador: un Spectrum Sinclair 48K,
con juegos como el Bomb Jack. Mi generación estuvo apegada a eso que
ahora llaman “nuevas tecnologías”. Nosotros salíamos mucho a la calle, a jugar,
pero también tuvimos nuestros aparatitos.
La afición por la lectura de libros,
digamos más en serio, me vino en el Instituto de Ocaña, el Alonso de Ercilla,
con mi profesor de Literatura, José María Granados (al que llamábamos Pepito), además
de por el contacto con amigos (como José Antonio), o el influjo materno. La
literatura fantástica y de terror me encantaba (y encanta), El señor de los
Anillos, Poe, Lovecraft, Stephen King, pero también el humor (con el
Eduardo Mendoza de novelas como Sin noticias de Gurb o El laberinto
de las aceitunas; el Jardiel Poncela de La
tournée de Dios, y su dedicatoria que dice «A Dios, que me es muy simpático»; o el Mark Twain de Un yanqui
en la corte del Rey Arturo) o la ciencia ficción, con Isaac Asimov, y su
ciclo de la Fundación, y Philip K. Dick. Leía cualquier cosa que cayera
en mis manos, desde un libro de Valle Inclán, Unamuno o Pío Baroja, hasta de
Oscar Wilde o de Robert Louis Stevenson; desde novela negra, policiaca (con la
gran Agatha Christie), a novela histórica. El autor que más me gustaba, desde
luego, era Edgar Allan Poe, con sus inolvidables relatos (como La caída de
la casa de Usher o Los crímenes de la calle Morgue). Quizá de ahí me
vino la inspiración para escribir estos relatazos, del placer de leer a autores
que me hacían volar la imaginación, y me divertían e intrigaban a partes
iguales.
Por ello, he de decir que cuando me he
puesto, a mi modo, a escribir un relato siempre me tengo en mente como lector.
Forma y fondo: que la redacción y el estilo sean correctos, pulcros, pero
fluidos; que la historia sea interesante, que tenga gancho, que impulse la
imaginación del lector. Que el relato no sea un latazo; que sea un relatazo.
Sin lector, no tiene sentido un libro. No me guio por modas o por tendencias de
rabiosa actualidad (no me he leído el libro de ese escritor que parece la
versión postmoderna de Marianico el corto, ¡qué se le va a hacer¡), ni tampoco
me guio por lo que más vende. Escribo las historias que, como lector, me
gustaría leer, y por eso este homenaje a los autores que más me han marcado.
Misterio, terror, fantasía, humor, aventuras, sueños (alguna pesadilla), cierta
nostalgia; como en el mundo del romanticismo: caos, imaginación, pasión. Estos
catorce relatazos buscan emocionar, atrapar al lector, con historias variadas y
enfoques atractivos, con una voz que permita el goce estético, pero también
alguna reflexión (tranquilos, no hay filosofías rebuscadas). Estos relatos buscan
dejar huella en el lector, con ganas de más.
Y todo esto sin ataduras, con total libertad.
Sin libertad no hay creatividad. Suscribo las palabras de mi profesor y amigo,
el escritor Santiago Sastre: sin libertad la literatura se verá afectada de
forma negativa. Contra la tijera. Hay que repudiar la censura (sobre todo en
forma de autocensura, que ocurre cuando el autor somete a criba lo que escribe,
pensando si sentará bien o mal), repudiar el revisionismo, la reescritura de
obras desde las ideologías, que son como corazas que nos alejan de la
comprensión cabal y racional del mundo en el que habitamos, y que encorsetan y
estrangulan lo más genuinamente humano: la imaginación. Si algo quiere hacer
valer este libro, en su modesta aportación, es la fuerza de la imaginación.
Para terminar, quisiera contaros un chiste de, en mi opinión, uno de los mejores escritores del siglo XX: el cineasta Woody Allen. En el comienzo de su célebre película Annie Hall, el director neoyorquino nos suelta un monólogo en el que comienza contando el chiste de dos mujeres mayores que están en un hotel de alta montaña, y una de ellas dice «Vaya, aquí la comida es realmente terrible», a lo que la otra contesta «Sí, y además las raciones son tan pequeñas». Con esta chanza el bueno de Woody nos quiere ilustrar sobre cómo ve la vida: como algo lleno de soledad, tristeza y sufrimiento, y que encima pasa muy rápido. Pues bien, esto último es incontestable (ya decía Chaplin que la vida es tan breve que apenas da tiempo a ser un aficionado), así que espero, que con cosas como la afición a los libros, a la literatura y al saber en general, y, sobre todo, a compartir la amistad, hagamos que el menú que tenemos sea sabroso y apetecible. ¡Muchas gracias!»
No podía tener mejor lectora. ¡Eternamente agradecido!
La guinda del
pastel fue que María Luisa Mora, poeta, escritora y amiga (tengo una entrada en este blog sobre uno de sus libros, El pan que me alimenta, Ediciones Vitrubio, ¡imprescindible!), se animara a leer el
comienzo de uno de mis relatos. ¡Todo un lujo! Fue muy emotivo (a mí también me
pasa que no sé vivir sin corazón). Un acto sencillo, entretenido (pese a lo que
diga el sobrinete), con risas, acompañado de familiares y amigos. Agradezco de corazón a todos su presencia y cercanía.
Lo último fueron las foticos, los abrazos y una minifirma de libros. Hasta parecía un escritor de verdad (y un ser humano de verdad). Pues eso, muchas gracias a todos por compartir este momento. Lo llevaré siempre en el corazón.
Me nombraron hijo pródigo de Yepes. ¡Es broma!
[1] Como escribió Fernando Savater,
pertenezco a una generación de niños «que
fueron educados por la bruja Avería en la execración del capitalismo y la
ceguera ante sus alternativas», en su artículo Despertador, de 26/03/2022, El País.


